Vida

Vida breve: Filósofos alemanes

Tres dimensiones dominan el panorama de la filosofía y las ciencias sociales en Alemania.

La llamada “Escuela de Frankfort”, de tendencia dialéctico-crítica (con grupos de tendencias claramente izquierdistas a su sombra); la corriente neopositivista, dedicada sobre todo a la investigación empírica; y la tendencia tradicionalista, inspirada por la filosofía clásica alemana, obligada hacia los postulados racionalistas y humanistas de esta tendencia, pero ya con ribetes apolíticos y escépticos.

La reflexión filosófica del país que sea, depende de sus implicaciones sociales y del discernimiento sobre la esencia y la metodología de las ciencias aplicadas en el progreso científico y las tecnologías modernas, que han contribuido poderosamente al cambio que la filosofía ha sufrido con los siglos. La revalorización de un marxismo crítico, contrapuesto a la ortodoxia soviética y unido al psicoanálisis y a las tendencias progresistas en las ciencias sociales dieron un gran impulso y popularidad a la “Escuela de Frankfort”, que se llama así debido a su origen dentro del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt. Sus mayores exponentes fueron Marcuse, Fromm y Neuman, en los Estados Unidos, y sus mayores exponentes en Alemania han sido Adorno, Horkheimer y Habermas.

Después de la muerte de Adorno, en 1969, el retiro de Horkheimer y el distanciamiento de la fracción más radical del movimiento estudiantil, la Escuela de Frankfort pasó a una fase de reestructuración. Finalmente la decadencia de la escuela existencial es reflejada en la retirada de Martin Heidegger a su torre de marfil, retirada que no solamente ocurrió en el sentido metafórico. Han pasado a un segundo plano la relevancia de las corrientes existencialistas, las que en decenios anteriores ejercieron tan grande influencia en el pensamiento del Occidente. Problemas tales como la Libertad y Responsabilidad de un mundo después de la pérdida de la dimensión teológica han sido incorporados a la discusión de toda filosofía existencial.

Karl Jaspers utilizó los últimos años de su vida para una severa crítica política del “statu quo” en la Alemania Occidental. La filosofía moderna ha venido, pues, necesariamente a ocuparse nuevamente de la necesidad vital de reflexionar sobre la trascendencia social de las ciencias, entre la utilidad de organizar racionalmente aquel plano de la actividad humana, la “praxis” que dentro de las tradiciones antiguas y medievales no estaban separadas de la ciencia y que al contrario, como “ética, social y política” más bien formada la culminación de aquella, y sobre la visión de conjunto del desarrollo histórico actual.

Tales son los temas de preocupación filosófica que han despertado más interés en el momento actual debido a los cambios socio-económicos, etc., que el mundo ha sufrido con los siglos y han influido en el pensamiento de los filósofos, sociólogos, economistas, psicólogos etc.

Hoy más que nunca debemos comprender la necesidad de entender todo este mundo racional e irracional que mueve la historia. Amparado en la racionalidad de la economía, el comunismo ha sido, sin embargo, un irracionalismo, una religión laica o una utopía. ¿Qué sistemas intelectuales, movimientos del pensamiento, se conservarán para nuestro patrimonio cultural en esa carrera hacia la ?nada? que denominamos Historia?

La historia del nihilismo, por ejemplo, que lo niega todo. Esto significa tener que defundamentar y refundamentar todo nuestro sistema de pensamiento. Heidegger ha querido hallar en Hegel un compañero, alguien quien se hubiera preocupado por el hombre como forma antropológica del ser y su situación de abandono, erguido en la soledad del mundo sin dioses. Hegel le ofrece el cruce de caminos de donde surge la moderna y por paradoja, antihegeliana filosofía de la existencia, rótulo que a Heidegger le molestaba, pero que la historia le ha adjudicado: “La encrucijada de la conciencia desdichada, el desgarro donde el ser finito se asume como perdido en un medio infinito…”.

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