Otros, en cambio, rara vez pueden comprarse algo nuevo, aun y cuando se trate cosas verdaderamente justas y necesarias, como aquellos niños cuyos padres no tienen dinero para comprarles libros nuevos y les consiguen por allí textos usados a los que deben borrarles las respuestas de los cuestionarios resueltos por otros, aparte de que huelen a otras manos, a lápiz desconocido y, ahora, a borrador gastado.
Cómo es el olor a nuevo
Imagine el aroma a tela de una chumpa nunca usada, el olor a tinta de la etiqueta de cartón de un pantalón o de la bolsa con burbujitas de aire que traen los aparatos eléctricos. El aire de esas burbujitas no huele a nada, pero viene desde quién sabe donde y de alguna manera es olor a nuevo envasado.
Nosotros mismos, una vez, olimos a nuevo aunque no sabemos si era olor a vinil, a sangre o a desinfectante de sala de parto. Casi como un olor a nada.
Lo opuesto al olor a nuevo
Es el olor que llena el aire de los recintos donde se vende ropa de paca, zapatos de segunda mano, repuestos de vehículos desarmados. Huele a humedad, a sudores olvidados, a humores de gente que no está aquí pero que usó esta camisa o esta chaqueta que todavía está en buen estado y ya lavada hasta pasa por nueva.
No es por sólidos principios ecológicos sino por necesidad que muchos se ven en la obligación de reusar cosas que nuevas no pueden comprar. Así resulta que en lugar de adquirir un juego de llantas nuevas con olor a juguete, a hule virgen, a video musical, tenemos que ir a una venta de las ?casi nuevas?, donde huele a paseos de otros, a frenazos y derrapes, a aire podrido por haber estado encerrado tanto tiempo.
¿Cuánto tiempo dura el olor a nuevo de un carro? ¿Al sacarlo de la agencia? ¿Al tercer embotellamiento? Muchos no hemos visto ni oído ese olor en nuestro primer cacharro ni en nuestro segundo porque ya estaban recontrausados.
Claro que no necesariamente el olor a nuevo tiene que ver con mucho dinero. Cuando mi madre era niña, la abuela no tenía para comprar cuadernos, así que compraba una hoja de papel para envolver, lo doblaba en 8, cosía un lado y recortaba los otros.
El olor a nuevo no sirve para nada, pero muchos lo buscan como si fuera una droga. Hay quienes roban para ir en busca de él, para aspirarlo dentro de una camioneta agrícola, un condominio de lujo o hasta en una vida nueva.
A veces resulta casi terapéutico comprarse algo nuevo: unos zapatos, una camisa o unos calcetines… Aunque al final del primer día ya huelan como todo lo demás… su olor a nuevo de la mañana nos duró hasta el medio día, pero lo ganamos con ese mismo cansancio, sin hacer trampas ni licitaciones falsas ni especulaciones de precios.
El olor a nuevo no sirve más que para recordarlo o para imaginar. Hace tiempo, en un ?car wash? me ofrecieron desodorante gratis para mi carro (Toyota modelo 80). Tenemos cuatro esencias -me dijo el muchacho- fresa, limón, vainilla y olor a nuevo.
Curioso, le dije: Échele el que huele a nuevo, pues. Y el tal olor era igual al de aquel plástico para forrar cuadernos que (supuestamente) se pega solo.
Eso de los olores recuerda el refrán que dice: ?Cada quién huele según el largo de su nariz?, pero, en realidad, cada quien lo hace según el grueso de su billetera.