Vida

Caballo bayo

Metropolitánicamentehablando: Una tarde, en el zoológico, uno se queda galopando para siempre en el lomo de éste

Son ejemplares pura sangre de árbol muerto y reencarnado.

Míreles el brillo pintado en los ojos y el brío en las crines hirsutas que algunos niños tocan con curiosidad, y otros nerviosamente evitan rozar.

Este palomo se mira mansito; aquel alazán tira resoplidos por los hoyos rojos de la nariz. El azabache tiene montura nueva y aquel de manchas se parece al que me lleva en la instantánea de cuando tenía 2 años.

Al gusto del jinete

Algunos fotógrafos, de oficio le ponen al niño-cliente alguno de sus sombreros charros que cuelgan de una rama. Si a usted no le gusta (o se pregunta cuántos se los han puesto), pida que salga su niño a puro pelo.

Si no quiere de fondo los árboles y gente dominguera, hay jungla verde y animales muy salvajes pintados en una tela.

Ninguno será el caballo brincón del gran general Fusto Rugino, digo, Justo Rufino (que está en la avenida de las Américas) ni el enhiesto corcel de su sobrino, el general Chema Reyna (en trote congelado sobre La Reforma). No es Bucéfalo (el de Alejandro Magno), ni Babieca (de El Cid), ni Marengo (así se llamaba el favorito de Napoleón). Tampoco el de Don Quijote que se llamaba…, pero se vuelven Pegasos que nos llevarán volando en el tiempo.

?A ver nene?. ?Mire para acá?. ?Shht?. (Hay nenes que no hay manera que miren). ¡Ríase pues! (y lloran, les da miedo el caballo) Flash.

Todos cuestan igual

Sea patudo o chaparrín, nuevo o despintado, con risa o llanto (del niño o niña), todas las fotos valen Q20. No importa si viene la señora y exige (caso real): ?Si me va a cobrar, que salgan todos los caballos? y arrimaba los que había, junto al de su niño. Quería una manada Marlboro.

Y diga Ud. menos mal que a los inventores de impuestos no se les ocurrió gravar la fabricación, almacenamiento, exhibición y tenencia de equinos fingidos, imitados, simulados o recreados, con fines fotográfico-lucrativos. Ya se imagina Ud. a cierto presidente diciendo que los fotógrafos son ricos porque tienen crianza de caballos y que esos dos centavitos servirán para que coma bien el elefante blanco.

La biodiversidad

Es otro fenómeno observable en la multitud que visita La Aurora: igual bajan niños de una camioneta último modelo que de un picop viejo o varias familias de un bus Mercedes Benz, ruta 101 (Gerona-Aeropuerto).

En este zoológico habemos especies diversas: jóvenes en busca de novia, novios melosos (que ya consiguieron), madres enojonas, papás explicadores, recién nacidos que no saben qué hacen aquí. En esta llanura con hábitats artificiales vamos todos, platicamos, vemos al tigre que lame un hueso (?era de un niño malcriado?, le dice una señora a su hijo), vemos a las tortugas que se aparean (¿qué hacen mami? -¡Jugando tenta, nena!), y más adelante, dormita la llama (de la que alguien pregunta ?y ese animal ¿cómo se llama??).

Es un domingo más

Feliz pero nostálgico queda el retrato de una tarde que no volverá. La imaginaremos pasados los años, en una foto vieja, nubosa.

Para muestra un fotón

Ahí’stoy, de 2 años, en blanco y negro, con pañal de tela y zapatitos negros. Con una mano hago algo como saludo a la bandera pero más creo que me picaba el hombro. Con la otra agarro la rienda del pinto que tiene el pelo parado y las patas acalambradas. Atrás, dos árboles encalados y un carro de los años 60. Me contó mi madrina (ella me llevó) que no me caí. Menos mal, porque hubiera sido un ranazo.

Adiós caballitos

El domingo trabajan más los animalitos. Se ganan a puro estrés su trozo de carne, su aguacate o su pollito muerto (según sea el león, el micoleón o el tecolote).

¿Qué comerán los caballitos de madera?, me pregunto mientras salimos y pienso cuánto tiempo más darán vueltas, en el hipódromo del mundo, los jinetes apocalípticos sobre sus caballos de palo.

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