Cifras y efectos súbitos de la ola de deportaciones
Las cifras y la lógica sirven para tomar decisiones adecuadas, más allá del simplismo ideológico y del ego politiquero.
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La ya iniciada deportación masiva de los indocumentados obliga a ver su significado en los números, el tiempo necesario y los costos, pero también los efectos dentro y fuera de Estados Unidos. Nos debe interesar la comprensión de los números de estas personas tan importantes para las economías del Triángulo Norte. Guatemala, 1.4 millones; El Salvador, 1.7; y Honduras, 800 mil, con un total de 14 millones. (Solo México tiene 12 millones). De esas cifras, este artículo analiza el significado de deportar a los guatemaltecos. Si son enviados en aviones militares con 200 personas diarias, serán 7 mil vuelos y tomará 19 años regresarlos, y si solo pueden capturar y regresar a la mitad, serán 9.5 años; es decir terminará teóricamente entre 2034 y 2045.
Las cifras y la lógica sirven para tomar decisiones adecuadas, más allá del simplismo ideológico y del ego politiquero.
Pero hay otros factores para tomar en cuenta: la reacción de los grupos de quienes se sienten —porque lo están— amenazados aunque tengan sus papeles en orden, conforme se asiente la sensación de inseguridad y sus efectos económicos al esconderse en su casa, lo cual alcanzará a restaurantes, escuelas, etc. Se afianzará la sensación de terror a causa de políticas como las utilizadas por la ICE, sustituta de la temida Migra. Si los impuestos pagados por los inmigrantes descienden la mitad de los US$7.5 mil millones, actuales, serán unos 3 mil millones de esa cifra. A este respecto, es terrible la insistencia de calificar de delincuentes a todos los inmigrantes, como lo hizo la nueva vocera de la Casa Blanca, cuyos escasos 27 años no le dan experiencia ni sutileza.
Otros hechos mezclan asombro, pena y preocupación. Circuló en redes sociales un video de grupos de tribus indígenas de los mal llamados “pieles rojas”, habitantes anteriores a la llegada de los anglosajones. Cabalgaron con sus trajes tradicionales, circulando por calles de varios estados donde desde el siglo pasado, o incluso antes, fue reconocida la existencia de sus naciones, como la de los navajos. Legalmente, es “un conjunto numeroso de personas que reconoce una historia propia y se identifica con hábitos culturales y formas de vida en común” (Diccionario Panhispánico del Español Jurídico). La reacción a una exigencia de documentos fue inmediata, e implica la consulta a los jefes tribales, quienes decidirán en consenso la actitud a tomar.
Su punto de vista es —en resumen mío— “si somos los verdaderos americanos, ¿por qué vamos a acatar las decisiones de invasores? Nosotros vemos a los indocumentados como hermanos y no los estamos expulsando”, de seguro en referencia a las culturas mesoamericanas: mayas, aztecas, toltecas y demás. Son efectos inesperados, producto del simplismo conceptual reinante en Washington desde hace once días. Por aparte, los pequeños granjeros blancos votantes por Trump ya comenzaron también a sentir el efecto al quedarse sin mano de obra indocumentada para no quebrar. A mi juicio, base del capitalismo es la creación de empresas familiares o pequeñas y por eso estas consecuencias causan la evaporación y arrepentimiento del apoyo político de una elección.
La ausencia de indocumentados tendrá otros efectos. Deberán ser sustituidos por trabajadores formales, con sueldos más altos, y ello subirá los costos y provocará aumentos de sueldos, subida de precios y disminución del nivel de vida de un grueso sector de la población. A ello se suma el costo de las demandas legales, las contrademandas, los juicios. El factor humano, de todos, debe ser tomado en cuenta y ello supone adaptar a estas realidades los gastos del gobierno, necesitados de racionalización y de simple lógica. Las decisiones basadas en estos dos elementos mantendrán la popularidad porque han llegado a unos increíbles niveles de absurdo. Estados Unidos no se puede “hacer más grande de nuevo” si las decisiones son tomadas a rajatablas.