En cambio, cuando el fiscal le preguntó si extendía sus disculpas a los familiares de las víctimas que murieron en las oficinas ministeriales o a los de los jóvenes laboristas asesinados en la isla de Utoya, Breivik respondió negativamente.
La matanza de los jóvenes laboristas y de los funcionarios de los ministerios era “atroz pero necesaria”, reiteró Breivik. De los muertos en Utoya, 44 tenían responsabilidades en la organización juvenil laborista y en la isla funcionaba un “campo de adoctrinamiento político”, dijo el extremista noruego.