Aunque el pasaporte de los pequeños era requisito indispensable, según lo dispuesto por el INM, algunos migrantes se mostraron felices porque no les requerían este documento para ingresar.
Minutos antes de que los migrantes llegaran a la Aduana de Agua Caliente, la situación se había tornado tensa por momentos, cuando un grupo de migrantes de la caravana evadió los controles de salida en su país y pretendía ingresar a Guatemala.
En el grupo iban muchos niños cuyos padres no portaban pasaporte para sacarlos. Unos afirmaban que las autoridades hondureñas se los han negado, mientras que otros aseguraban que no tenían dinero para tramitarlo por lo que llevaban partidas de nacimiento para que les permitieran el tránsito por Guatemala.
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La PNC envió una gran cantidad de agentes para evitarles el paso y fueron colocados en dos cordones de seguridad en el tramo carretero de aproximadamente un kilómetro entre las aduanas de ambos países.
Cuando el grupo de migrantes que salió sin registrar su salida de Honduras, aproximadamente 500, se topó con el primer cerco policial comenzaron las fricciones.
“¡Migrar es un derecho, no vamos a hacer daño en Guatemala!”, gritaban los migrantes, mientras agentes policiales y delegados de la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) trataban de convencerlos de que se regresaran a su país y registraran su salida de forma ordenada.
“Es injusto, no nos dejan salir de Honduras, nos venimos de allá porque en nuestro país el gobierno no nos quiere, nos deja morir de hambre y por violencia”, afirmó una mujer que se identificó solo como Delia, que viajaba con uno de sus hijos.
Por momentos los integrantes de la caravana, en señal de protesta, se recostaron en el asfalto y aseguraban que no se levantarían hasta que los dejaran pasar. Mientras tanto, aquellos que demostraban que habían registrado su salida se les permitía pasar al lado guatemalteco.
Al cabo de unos 45 minutos en los cuales por momentos caía una pertinaz llovizna, los agentes policiales comenzaron a permitir el ingreso de los hondureños con solo mostrar un documento de identificación, lo cual hizo que estos estallaran de júbilo.
Hasta las 7 horas del miércoles, mil 274 migrantes hondureños habían registrado su ingreso a Guatemala, de ellos 291 menores de edad, además, una gran cantidad de mujeres y familias enteras que viajaban con la intención de llegar a EE. UU.
El grueso de migrantes se dirigió, entonces, a la aduana de Guatemala donde fueron ordenados en una larga fila para ser registrados. A este grupo se suman los que en el lado hondureño se estaban registrando ordenadamente, por lo cual se avizora que los funcionarios de Migración tendrán un arduo trabajo.
Una fuente del INM aseguró que los delegados fronterizos trabajarán hasta horas de la noche para dar ingreso al total de integrantes de la caravana.
Convocatoria
Con el lema “En Honduras nos están matando”, más de mil ciudadanos de ese país, salieron en caravana desde el lunes en horas de la noche, atendiendo una convocatoria que desde varias semanas atrás se había lanzado en redes sociales.
La salida de esta nueva caravana se da pese a los múltiples llamados a no migrar que ha hecho el gobierno de Honduras, a las advertencias de que no serán admitidos que ha hecho el gobierno de Donald Trump hasta los lamentables sucesos acaecidos con la anterior caravana y que ya dejan una cauda de 11 fallecidos.
Después de llegar a Esquipulas, los migrantes tienen como segunda meta llegar a la Casa del Migrante de la capital guatemalteca para luego dirigirse a la frontera con México, algunos lo harán por la costa sur y otros por Petén.
De las caravanas que salieron de Honduras el año pasado y en la cual migraron cerca de 13 mil ciudadanos, hoy en día, hay por lo menos dos mil 500 que esperan una oportunidad para presentar una solicitud de asilo; sin embargo, otros optaron por cruzar la frontera sur de EE. UU. por pasos ciegos y de altísimo riesgo.
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