Está en chino
Se calcula que se necesita aprender unos cinco mil caracteres para dominar el mandarín. En tanto, su caligrafía es considerada como un arte.
Foto Prensa Libre: Cortesia Comité Pro Ciegos y Sordos de Guatemala
por roberto villalobos
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Billy Melgar
El mandarín es considerado como uno de los idiomas más difíciles. Aún así, unas mil 120 millones de personas lo hablan, es decir, 17 por ciento de la población mundial. Los países donde más se habla son la República Popular de China, Taiwán, Indonesia, Singapur y Malasia.
Pocos guatemaltecos se animan a aprenderlo. Algunos profesores consideran que el estudiante lo domina en cinco años; sin embargo, Alicia Mo, de la Academia de la Cultura China, asegura que en realidad son necesarios hasta 10 años. “El idioma chino es como una montaña: si usted solo explora sus faldas, no la conocerá mucho. Usted debe esforzarse para llegar hasta arriba y conocerla bien”, indica.
La fórmula mágica es tener buena memoria y, sobre todo, mucha paciencia.
Historia legendaria
Cuenta la leyenda que la escritura china nació cuando el emperador Fu Xi se encontró con una pita con nudos y le dio diversas formas para expresar ideas. Otra historia dice que fue un unicornio salido de las aguas de Río Amarillo el que le entregó los símbolos a Huang Di, el Emperador Amarillo. También se cuenta que fue una tortuga la que le regaló los primeros pictogramas a Yu El Grande, fundador de la dinastía Xia.
Sin embargo, la historia más conocida es la de Can Jie, quien, inspirado por las diferentes formas y posiciones del sol, la luna y las estrellas, o por las huellas que dejaban los pájaros en el suelo, ensayó los primeros rasgos de los caracteres chinos. Esto sucedió hace unos cinco mil años.
Con el tiempo, esos símbolos rudimentarios se transformaron. Hubo un tiempo en el que existieron hasta siete modelos de escritura, ininteligibles unos con otros. Por ese motivo, Qin Shi Huang, por el 221 a. C., ordenó estandarizar los trazos que dieron paso a los caracteres modernos.
Composición
A diferencia de nuestra escritura, el chino no tiene un alfabeto, sino que utiliza unos 50 mil símbolos que representan palabras, entre los que se incluyen pictogramas, ideogramas o compuestos fonéticos. Cinco mil caracteres, aproximadamente, son de uso frecuente.
Además, para leer se debe llevar una secuencia de arriba abajo y de derecha a izquierda, por lo que un libro empieza donde los occidentales terminan. Otra peculiaridad es que en China Continental se emplean símbolos más sencillos, mientras que en Taiwán se mantienen los trazos más elaborados.
El mandarín, asimismo, es monosilábico: cada sílaba representa una idea y tiene cinco tonos, cada uno con distinto significado. Por ejemplo, ma quiere decir mamá o caballo, dependiendo del tono que se haga. Por ello es importante saber pronunciar y escuchar.
Un arte
La caligrafía es una joya de la cultura china; de hecho, se le compara con la pintura por su capacidad para despertar emociones. Sus elementos son el pincel, la tinta china y el papel que puede ser de algodón o de arroz; en ocasiones se utiliza la seda. De igual forma, el artista debe desarrollar el control muscular necesario para dar pinceladas rápidas y delicadas. Además se requiere de concentración y de la utilización del chi —energía interna—. Los chinos, incluso, consideran que esta escritura es un diálogo entre el alma y el Ser Superior.
También hay unas reglas básicas para su ejecución: todos los símbolos deben ser del mismo tamaño (alto y ancho), cada carácter se debe hacer de izquierda a derecha, de arriba abajo y de afuera hacia adentro. De hecho, son los mismos movimientos que se ejecutan en el Tai Chi Chuan, un arte marcial. Al finalizar un símbolo, se debe dar una ligera vuelta al pincel y hacer presión.
Wan Xi Zhí (321-379 d. C.), considerado el Sabio de la caligrafía, comparó este arte con la guerra: “La hoja de papel es el campo de batalla; el pincel, las lanzas y espadas; la tinta, la mente, el comandante en jefe; la habilidad y la destreza, los oficiales; la composición, la estrategia. Tomando el pincel se entra en la batalla: los trazos y líneas siguen las órdenes del comandante; los giros y retrocesos son los estallidos mortales”.
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