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Si el acoso no es un delito, ¿qué es?
Hasta hoy se le califica como una falta y se le castiga con un máximo de dos meses de cárcel conmutables. La esperanza de que finalmente el acoso sexual se tipificara como un delito, lo cual conlleve a penas más drásticas, se desvaneció una vez más.

Por: Gabriela Barrios Paiz
Fotografía: Gustavo Montenegro

Después de soportar durante meses el hostigamiento del jefe de personal, y de que éste no dejara escapar oportunidad para arrinconarla y amenazarla con que “debía pagarle un favor”, Vilma decidió renunciar a la fábrica donde laboraba, pidió sus prestaciones y hoy está desempleada. Para ella, saber que el acoso, del cual fue víctima, no se considera un delito en este país la llena de impotencia.

“El me contrató”, cuenta. “Al principio siempre llegaba a preguntarme cómo me estaba yendo, si estaba contenta, hasta que un día me invitó a salir. Como no quise, allí cambió. Me comenzó a hostigar, diciéndome que cuándo le iba a pagar el favor de haberme contratado, y que si no me portaba bien me iba a despedir”. Vilma recuerda cómo su jefe buscaba siempre la oportunidad para amedrentarla, en los corredores, cerca del baño y en la salida.

“Empecé a tenerle miedo. Cada vez que se me acercaba, se me aguadaban las piernas. El sabía que me asustaba, y eso le gustaba. Lo que más angustia me daba era pensar que un día de tantos me pudiera violar...”, y rompe en llanto.

Mientras la ley no tipifique el acoso como delito, la mayoría de los casos seguirán en silencio.

Para mujeres como ella, que han sufrido en carne propia el acoso sexual, la anulación de este delito dentro de las reformas al Código Penal que se discuten en el Congreso de la República es una afrenta a su dignidad.

“Nos arruinan la vida, pero no hay forma de acusarlos. La ley los ampara, y las mujeres tenemos que seguir cargando con eso”, afirma.

El acoso u hostigamiento sexual se define como cualquier conducta sexual indeseable, que se manifiesta de diversas formas: desde insinuaciones de tipo sexual verbal, física o de otro tipo. Estas lesionan la dignidad de la mujer y limitan su libre locomoción, así como el acceso al trabajo, a la educación y a los servicios públicos.

En Guatemala, las iniciativas de ley que buscan tipificar el acoso sexual como un delito, y que promueven sanciones más severas, siguen acumulándose dentro de las gavetas de algún escritorio en el Congreso, a pesar de que el Estado de Guatemala ha ratificado la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, en la cual se establece que “toda mujer tiene derecho a una vida libre de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado”.

A pesar de estos esfuerzos, y de que las denuncias de las víctimas confirman que se trata de un problema social, poco o nada ha cambiado, y la esperanza más reciente se esfumó cuando la Comisión de Legislación del Congreso suprimió el acoso sexual dentro de la propuesta que busca modificar los artículos que se refieren a los delitos contra las mujeres en el Código Penal.

Más propuestas

La diputada Olga Camey de Noack presentó cuatro iniciativas que abordan el acoso sexual en sus diferentes manifestaciones. Una de ellas se refiere a la prevención del acoso en el ámbito laboral y educativo, en donde constantemente se dan casos. Sin embargo, ninguna de estas iniciativas ha tenido eco dentro de los congresistas.

“Considero que falta informar y sensibilizar a los hombres, pues existe una mala interpretación de la penalización del acoso. Ahora lo confunden con que es “chulear”. Hay condiciones indispensables para que éste se penalice, como la relación de superioridad. Ahora no nos queda más que seguir trabajando e insistir en el tema para que se retome”, explica De Noack.

La propuesta de reforma, la cual ha sido trabajada por las agrupaciones de mujeres, y presentada al Legislativo, establece que “se ha omitido tipificar el acoso u hostigamiento sexual, que en cualquiera de sus manifestaciones constituye una clara discriminación contra las mujeres e implica también relaciones desiguales de poder en cualquier ámbito”.

“Actualmente, el acoso está penalizado de manera vaga, y existe solamente como falta”, explica Hilda Morales, una de las responsables del proyecto de reformas a la ley, y quien trabaja en el Centro de Investigación, Capacitación y Apoyo a la Mujer, CICAM. “Hemos comprobado que en el interior de la República existen denuncias que han sido sancionadas por los jueces de paz.

Entonces, ese es un indicio de que el acoso es una realidad, que el problema existe y que debe ser penalizado”, asegura Morales.

Apoyo, ¿y?

El Grupo Guatemalteco de Mujeres ha trabajado en el seguimiento de diversos casos de acoso. Quizá uno de los más conmovedores fue el caso de una jovencita que a los 16 años resultó embarazada de su maestro, quien era 12 años mayor que ella. Para evitar sanciones, él accedió a vivir con la joven, sin casarse, pero ahora acosa a otras estudiantes, de la misma forma en que lo hizo con ella.

“Como agrupación, nos concentramos en brindar apoyo emocional, pues mientras la ley no establezca penas claras, la parte legal seguirá siendo la más complicada”, explica Giovana Lemus, de GGM, e integrante de la Red de la No Violencia Contra las Mujeres.

Estos vacíos legales desaniman a las mujeres a denunciar, pues deben presentar testigos, arriesgarse a perder su trabajo y enfrentar un desgaste que, por lo general, no lleva a la justicia. “Más grave aún es que, por lo general, detrás del acoso llega la violación. El problema más grave es que en Guatemala no se da seguimiento a los casos. Las autoridades no investigan las violaciones que, sin duda, pueden tener el antecedente de acoso por parte de quien, al final, fue el violador”, afirma Lemus.

Inicia la discusión

Gracias a una moción privilegiada, las reformas al Código Penal relacionadas con la violencia contra las mujeres fueron puestas nuevamente sobre la mesa de discusión, y pronto iniciará su análisis en el pleno del Congreso. Sin embargo, tratar la penalización del acoso sexual será una deuda pendiente.

“Consideramos que un paso adelante es mucho, y cada artículo es un avance en este largo camino para reivindicar a las mujeres. Según la visión patriarcal de Guatemala, no es tiempo de tipificar el acoso. Se debe hacer más trabajo de sensibilización para que así, en la próxima oportunidad, se pueda ganar esa batalla”, señala Hilda Morales.

“Aún no estamos preparados”

El presidente de la Comisión de Legislación y Puntos Constitucionales del Congreso dijo que el acoso “podría confundirse con un piropo o galantería”.

— ¿Podría profundizar más en esa frase? pues da pie para muchas interpretaciones.

El acoso es una amenaza
para las mujeres.

Mire, no fue una decisión solamente mía, sino de toda la comisión, incluyendo a las ponentes y las mujeres que están en ésta. La realidad es que el latino, por naturaleza, hace uso de algunas palabras para las damas, principalmente las que están más cerca de uno, por ejemplo... una secretaria, que uno siempre la saluda con cariño. Si quedara así como estaba redactada la iniciativa original, se podría pensar que se ha cometido un delito, y no estamos preparados todavía para ese tipo de legislación. Ya había comentarios extra congreso, de algunos colegas diputados, que no iban a permitir que pasara ese tipo de ley.

— ¿No cree que entre piropo y acoso existe una notable diferencia?

Desde luego que sí, hay mucha diferencia. Pero se puede... como es el dicho de una persona contra el dicho de... también es muy difícil de probar. Es muy difícil de probar al menos de que haya testigos. En algún tipo de despido laboral se pudiera revertir el asunto, en una acusación que al final de cuentas ni podría prosperar, pero se podría armar un escándalo.

— Como parlamentario, ¿cree que existe el acoso sexual, o no?

Claro que sí, hay casos en que sí pudiera darse, principalmente con las secretarias y con las empleadas domésticas. Así es...

— Entonces, si no se tipifica y sí existe, ¿qué recurso legal tienen estas mujeres?

Si no hay ningún tipo de agresión, porque entonces ya sería violencia intrafamiliar, verdad... o ya sería una... si llegaran a tener relaciones sexuales o abuso ya sería,... ahora le pusimos el nombre de violación inducida. Pero si solamente ellas se sienten acosadas, pues tendrían que tomarlo como una falta. Lo que no queremos es dejar una gran puerta ancha para dar margen a varias acusaciones sin ningún fundamento. También las mujeres estaban dándome la razón.

— No es la primera iniciativa que se refiere al acoso. ¿Se podría retomar alguna de las anteriores?

No, no, no. Yo creo que, por lo menos en esta legislación, no. Tal vez en un futuro llegan otros parlamentarios con otro criterio, pues la retomarán.

— En Costa Rica sí se tipifica el acoso sexual. ¿Cuál es la diferencia?

Bastante la diferencia... allá se dice que es la Suiza de Centroamérica. Aquí, la mayor parte de guatemaltecos apenas sabemos leer y escribir, entonces no tenemos esa cultura de diferenciar entre lo que es propiamente un piropo o una galantería con un acoso. ¡Además, la mala fe!... porque más que todo es la mala fe de una mujer que se siente despedida de su trabajo y lo va a acusar a uno de acoso sexual y le arma un gran escándalo.

— La galantería y los piropos en otros países también están penalizados...

(Se ríe) Sí... sí... así es. Fíjese que en otros países también ya están autorizando matrimonios entre homosexuales, leí que en Canadá ya lo autorizaron. Si alguien aquí en Guatemala quiere presentar esa iniciativa, no prospera tampoco… siento yo.


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