Después de soportar durante meses el hostigamiento
del jefe de personal, y de que éste no dejara escapar oportunidad
para arrinconarla y amenazarla con que debía pagarle un
favor, Vilma decidió renunciar a la fábrica donde
laboraba, pidió sus prestaciones y hoy está desempleada.
Para ella, saber que el acoso, del cual fue víctima, no se considera
un delito en este país la llena de impotencia.
El me contrató, cuenta. Al
principio siempre llegaba a preguntarme cómo me estaba yendo,
si estaba contenta, hasta que un día me invitó a salir.
Como no quise, allí cambió.
Me comenzó a hostigar, diciéndome que cuándo le
iba a pagar el favor de haberme contratado, y que si no me portaba bien
me iba a despedir. Vilma recuerda cómo su jefe buscaba
siempre la oportunidad para amedrentarla, en los corredores, cerca del
baño y en la salida.
Empecé a tenerle miedo. Cada vez que
se me acercaba, se me aguadaban las piernas. El sabía que me
asustaba, y eso le gustaba. Lo que más angustia me daba era pensar
que un día de tantos me pudiera violar..., y rompe en llanto.
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Mientras la ley no tipifique el acoso como delito,
la mayoría de los casos seguirán en silencio.
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Para mujeres como ella, que han sufrido en carne
propia el acoso sexual, la anulación de este delito dentro de
las reformas al Código Penal que se discuten en el Congreso de
la República es una afrenta a su dignidad.
Nos arruinan la vida, pero no hay forma de
acusarlos. La ley los ampara, y las mujeres tenemos que seguir cargando
con eso, afirma.
El acoso u hostigamiento sexual se define como
cualquier conducta sexual indeseable, que se manifiesta de diversas
formas: desde insinuaciones de tipo sexual verbal, física o de
otro tipo. Estas lesionan la dignidad de la mujer y limitan su libre
locomoción, así como el acceso al trabajo, a la educación
y a los servicios públicos.
En Guatemala, las iniciativas de ley que buscan
tipificar el acoso sexual como un delito, y que promueven sanciones
más severas, siguen acumulándose dentro de las gavetas
de algún escritorio en el Congreso, a pesar de que el Estado
de Guatemala ha ratificado la Convención Interamericana para
Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra la Mujer, en la
cual se establece que toda mujer tiene derecho a una vida libre
de violencia, tanto en el ámbito público como en el privado.
A pesar de estos esfuerzos, y de que las denuncias
de las víctimas confirman que se trata de un problema social,
poco o nada ha cambiado, y la esperanza más reciente se esfumó
cuando la Comisión de Legislación del Congreso suprimió
el acoso sexual dentro de la propuesta que busca modificar los artículos
que se refieren a los delitos contra las mujeres en el Código
Penal.
Más propuestas
La diputada Olga Camey de Noack presentó
cuatro iniciativas que abordan el acoso sexual en sus diferentes manifestaciones.
Una de ellas se refiere a la prevención del acoso en el ámbito
laboral y educativo, en donde constantemente se dan casos. Sin embargo,
ninguna de estas iniciativas ha tenido eco dentro de los congresistas.
Considero que falta informar y sensibilizar
a los hombres, pues existe una mala interpretación de la penalización
del acoso. Ahora lo confunden con que es chulear. Hay condiciones
indispensables para que éste se penalice, como la relación
de superioridad. Ahora no nos queda más que seguir trabajando
e insistir en el tema para que se retome, explica De Noack.
La propuesta de reforma, la cual ha sido trabajada
por las agrupaciones de mujeres, y presentada al Legislativo, establece
que se ha omitido tipificar el acoso u hostigamiento sexual, que
en cualquiera de sus manifestaciones constituye una clara discriminación
contra las mujeres e implica también relaciones desiguales de
poder en cualquier ámbito.
Actualmente, el acoso está penalizado
de manera vaga, y existe solamente como falta, explica Hilda Morales,
una de las responsables del proyecto de reformas a la ley, y quien trabaja
en el Centro de Investigación, Capacitación y Apoyo a
la Mujer, CICAM. Hemos comprobado que en el interior de la República
existen denuncias que han sido sancionadas por los jueces de paz.
Entonces, ese es un indicio de que el acoso es
una realidad, que el problema existe y que debe ser penalizado,
asegura Morales.
Apoyo, ¿y?
El Grupo Guatemalteco de Mujeres ha trabajado en
el seguimiento de diversos casos de acoso. Quizá uno de los más
conmovedores fue el caso de una jovencita que a los 16 años resultó
embarazada de su maestro, quien era 12 años mayor que ella. Para
evitar sanciones, él accedió a vivir con la joven, sin
casarse, pero ahora acosa a otras estudiantes, de la misma forma en
que lo hizo con ella.
Como agrupación, nos concentramos
en brindar apoyo emocional, pues mientras la ley no establezca penas
claras, la parte legal seguirá siendo la más complicada,
explica Giovana Lemus, de GGM, e integrante de la Red de la No Violencia
Contra las Mujeres.
Estos vacíos legales desaniman a las mujeres
a denunciar, pues deben presentar testigos, arriesgarse a perder su
trabajo y enfrentar un desgaste que, por lo general, no lleva a la justicia.
Más grave aún es que, por lo general, detrás
del acoso llega la violación. El problema más grave es
que en Guatemala no se da seguimiento a los casos. Las autoridades no
investigan las violaciones que, sin duda, pueden tener el antecedente
de acoso por parte de quien, al final, fue el violador, afirma
Lemus.
Inicia la discusión
Gracias a una moción privilegiada, las reformas
al Código Penal relacionadas con la violencia contra las mujeres
fueron puestas nuevamente sobre la mesa de discusión, y pronto
iniciará su análisis en el pleno del Congreso. Sin embargo,
tratar la penalización del acoso sexual será una deuda
pendiente.
Consideramos que un paso adelante es mucho,
y cada artículo es un avance en este largo camino para reivindicar
a las mujeres. Según la visión patriarcal de Guatemala,
no es tiempo de tipificar el acoso. Se debe hacer más trabajo
de sensibilización para que así, en la próxima
oportunidad, se pueda ganar esa batalla, señala Hilda Morales.
Aún no estamos preparados
El presidente de la Comisión de Legislación
y Puntos Constitucionales del Congreso dijo que el acoso podría
confundirse con un piropo o galantería.
¿Podría profundizar más
en esa frase? pues da pie para muchas interpretaciones.
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El acoso es una amenaza
para las mujeres.
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Mire, no fue una decisión solamente mía,
sino de toda la comisión, incluyendo a las ponentes y las mujeres
que están en ésta. La realidad es que el latino, por naturaleza,
hace uso de algunas palabras para las damas, principalmente las que
están más cerca de uno, por ejemplo... una secretaria,
que uno siempre la saluda con cariño. Si quedara así como
estaba redactada la iniciativa original, se podría pensar que
se ha cometido un delito, y no estamos preparados todavía para
ese tipo de legislación. Ya había comentarios extra congreso,
de algunos colegas diputados, que no iban a permitir que pasara ese
tipo de ley.
¿No cree que entre piropo y acoso existe
una notable diferencia?
Desde luego que sí, hay mucha diferencia. Pero
se puede... como es el dicho de una persona contra el dicho de... también
es muy difícil de probar. Es muy difícil de probar al
menos de que haya testigos. En algún tipo de despido laboral
se pudiera revertir el asunto, en una acusación que al final
de cuentas ni podría prosperar, pero se podría armar un
escándalo.
Como parlamentario, ¿cree que existe
el acoso sexual, o no?
Claro que sí, hay casos en que sí pudiera
darse, principalmente con las secretarias y con las empleadas domésticas.
Así es...
Entonces, si no se tipifica y sí existe,
¿qué recurso legal tienen estas mujeres?
Si no hay ningún tipo de agresión, porque
entonces ya sería violencia intrafamiliar, verdad... o ya sería
una... si llegaran a tener relaciones sexuales o abuso ya sería,...
ahora le pusimos el nombre de violación inducida. Pero si solamente
ellas se sienten acosadas, pues tendrían que tomarlo como una
falta. Lo que no queremos es dejar una gran puerta ancha para dar margen
a varias acusaciones sin ningún fundamento. También las
mujeres estaban dándome la razón.
No es la primera iniciativa que se refiere
al acoso. ¿Se podría retomar alguna de las anteriores?
No, no, no. Yo creo que, por lo menos en esta legislación,
no. Tal vez en un futuro llegan otros parlamentarios con otro criterio,
pues la retomarán.
En Costa Rica sí se tipifica el acoso
sexual. ¿Cuál es la diferencia?
Bastante la diferencia... allá se dice que es
la Suiza de Centroamérica. Aquí, la mayor parte de guatemaltecos
apenas sabemos leer y escribir, entonces no tenemos esa cultura de diferenciar
entre lo que es propiamente un piropo o una galantería con un
acoso. ¡Además, la mala fe!... porque más que todo
es la mala fe de una mujer que se siente despedida de su trabajo y lo
va a acusar a uno de acoso sexual y le arma un gran escándalo.
La galantería y los piropos en otros
países también están penalizados...
(Se ríe) Sí... sí... así
es. Fíjese que en otros países también ya están
autorizando matrimonios entre homosexuales, leí que en Canadá
ya lo autorizaron. Si alguien aquí en Guatemala quiere presentar
esa iniciativa, no prospera tampoco
siento yo.