Guatemala, 3 de julio de 2009

CATALEJO
Daños económicos del caso hondureñoMario Antonio Sandoval

DE MIS NOTASGorilas y circoAlfred Kaltschmitt

SIEMPRE VERDEEl valor de la vidaMagalí Rey Rosa

VENTANAUna hora histórica (II)Rita María Roesch

LO QUE EXPRESOPodredumbre políticaJosé Miguel Argueta

IMAGEN ES PERCEPCIÓNBrenda Sanchinelli IzeppiEfecto dominó
El efecto dominó es la for -ma tradicional para referirse a un acontecimiento, que arrastra o anima a otros similares para que ocurra lo mismo que pasó con el primero. Bajo esta lógica, la situación sucedida en Honduras no debería de estar lejos de repetirse en otros países de la región. Los elementos que generan rupturas institucionales abundan en Latinoamérica, conocida como tierra de fraudes, cuartelazos, caudillos, oligarquías voraces y guerrillas.
La pacificación de la década de 1990 introdujo en el área un desfile de administraciones políticas que debieron acogerse a los consensos internacionales en materia de reformas de Estado, pero lejos de esta premisa el área quedó en el abandono, sin sentido de pertenencia, produciendo ciudadanías fragmentadas, sin redes de protección social: la famosa teoría del rebalse no se cumplió, la riqueza no se desparramó a todos los estratos sociales.
Esta dinámica de los llamados Estados patrimoniales feudales, generó una reacción ideológica, un vuelco hacia esquemas caudillistas-reaccionarios. La alternativa Bolivariana es una reacción a la incapacidad de las derechas, por conectarse con el ciudadano común y corriente, masificar los beneficios de las reformas estructurales de primera generación; esta alternativa, encabezada por el “ex golpista” Hugo Chávez, quien ahora con su lengua demagógica y populista condena a los golpistas, ha encontrado a través del poder petrolero la forma de influir en el resto de la región.
Reflexionar sobre qué genera esta reacción de nuevos movimientos sociales es importante. Desde la perspectiva de autores como Bobbio, resulta fundamental la construcción de esa nueva ciudadanía del ethos democrático. Y esto, claro, requiere reconocer que las constituciones no se originan por partenogénesis —palabras naciendo de palabras—, es decir, nuevas constituciones no nacen de viejas constituciones.
Así pues, muchas de las Cartas Magnas en la región, a principios de la década de 1980 —como la de Honduras—, estaban hechas a la medida de las élites oligárquicas, por lo cual es muy cierto que reestructurar las profundas diferencias del área es una necesidad imperante, pero también es cierto que estas nuevas izquierdas cometen los pecados de las viejas derechas: adaptar las leyes a su conveniencia, sin control ni restricción alguna, abusar de los fondos públicos, modificar las leyes al antojo ideológico, no acatar los fallos de las instituciones, insultar a la oposición y querer perpetuarse en el poder.
¿Acaso se combate el fuego con fuego? Parece que en América Latina sí. Lo sucedido en Honduras es preocupante, el golpe no tiene justificación, pero tampoco vino de gratis.
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