Para millones de personas, ver a su ídolo o estrella favorita llevar una vida muy similar a la del resto de los mortales es parte de la magia de la TV
Pero para muchos otros, los reality shows de famosos son tan sólo una razón más para detestar a las celebridades. Gente como Ozzy Osbourne (pionero en el tema), Paris Hilton, Hugh Heffner y sus “conejitas”, Hulk Hogan, Anna Nicole Smith, Britney Spears, Jessica Simpson y Snoop Dogg, entre otras, son algunas de las estrellas que se han apuntado al boom de programas “sin guión” y han permitido que las cámaras graben su día a día.
Algunos con un tema central, como la crianza de la familia, en el caso del programa de Hogan y Snoop Dogg, y otros con temáticas muy específicas, como un nuevo noviazgo (Spears y Simpson), los reality shows que contienen personajes de la farándula se han propagado a una velocidad trepidante.
En la actualidad, las distintas cadenas televisivas en EE.UU. (y con sus versiones en Latinoamérica a través del cable) transmiten estas series que, en gran parte, aportan una nueva dinámica “más humana” sobre la celebridad en cuestión.
Parece que al mundo no le basta con enterarse de lo último de una actriz o modelo en las revistas del corazón. Ahora se quiere llegar más allá, estar “adentro” de la mansión del famoso, ver sus problemas, y mediante episodios de una hora, satisfacer una necesidad de identificarse con un pedazo de Hollywood.
Este es el mundo de la reality TV, con sabor a celebridad.
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