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EDITORIAL Participación de las mujeres
Una de las informaciones relevantes respecto de las elecciones de septiembre próximo es que al menos cien candidatas mujeres participan en la lucha política para alcanzar una curul en el Congreso de la República, donde en este momento sólo el 8.8 por ciento de sus miembros son diputadas. Esto pone en el tapete, además, el tema de la participación femenina en la política y sus posibilidades de ocupar puestos de elección popular.
Aunque es evidente que aún falta mucho para que en Guatemala se alcance el porcentaje de participación femenina que se manifiesta en los países desarrollados política y democráticamente, es un hecho positivo que el número de aspirantes mujeres esté aumentando, de manera paulatina, pero notoria.
Ello demuestra que el sistema político nacional está abriéndose, y el ejemplo más claro es el de la candidatura de la señora Rigoberta Menchú.
Por mucho tiempo se han cuestionado las razones de la escasa participación política femenina.
Una de ellas, obviamente, es la actitud de discriminación tradicionalmente existente entre los partidos, pero también es cierto que eran muy pocas las mujeres interesadas en participar, a la vez como resultado de que la política en nuestro medio es sinónimo de politiquería de la peor clase.
Es evidente que dentro de las actividades que ahora interesan a un número creciente de mujeres está la política. Esto implica aceptar la participación directa en la vida nacional, pero en la mayoría de casos está hecho sin que dejen de ejercer los demás papeles de madre y esposa, que aunque tradicionales, no dejan de ser menos importantes para que la sociedad funcione bien.
La participación femenina a candidaturas implica que los partidos políticos se encuentran en el proceso de abrir las puertas a mujeres. Es de esperarse que, por esta participación, se retomen valores y principios ahora abandonados. Se tiene la percepción, y es válida en un porcentaje alto de casos, de que la mujer es más idealista y persigue con vehemencia lo que se supone es el objetivo de la política: buscar el bien de la sociedad.
En este tema, como en muchos, es importante fijarse más en el camino recorrido y no en el que aún se debe recorrer. Evidentemente, el aumento de mujeres participantes en política se producirá de manera progresiva conforme se integren en mayor número a esa actividad. Es importante señalar que lo más positivo de este crecimiento en Guatemala es que no es el resultado de cuotas, ni de imposiciones, que dan una falsa idea de madurez política.
La participación voluntaria de la mujer en la política es tan positiva como el hecho de que ir a votar sea también el resultado de la voluntad. Hay 2.5 millones de mujeres empadronadas. Si algún aspirante logra despertar el gigante dormido político que representa el voto femenino, sobre todo entre las jóvenes, los resultados de las elecciones serán, para bien, distintos de como han sido hasta ahora, y eso solamente puede ser positivo para una democracia que se encuentra asediada en muchos frentes.
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