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HORIZONTES Vaya riesgo
No atacar las causas reales de la violencia es como querer tapar el sol con un dedo cuando uno ya tiene la cara llagada.
Por:
Francisco Beltranena.
Ayer fue dado a conocer el informe “Crimen y desarrollo en Centroamérica, atrapados en una encrucijada”, de la Oficina contra la Droga y el Delito de las Naciones Unidas.
Su publicación me vino como anillo al dedo para completar una conferencia que estaré dando hoy por la tarde sobre el contexto y análisis de las amenazas en Centroamérica, ya que me corroboró información que ya tenía y me proveyó de nuevos datos estadísticos.
De su lectura puede uno sacar muchas conclusiones, pero ninguna tan evidente como la que los guatemaltecos vivimos día a día. Ayer por la mañana, decía Prensa Libre en su portada que el paro de buses por la inseguridad que se había iniciado en la zona 6 ahora se estaría dando en el sur del valle, en Villa Hermosa, y en Palencia, en el norte.
La incontenible ola de crímenes contra pilotos y extorsiones a los propietarios de los autobuses ocasionaron que los autobuses que se dirigen de y para esos lugares paralizaran sus labores, con el fin de presionar a las autoridades y lograr algún tipo de seguridad.
En la misma edición de ayer por la mañana, el editorial de Prensa Libre, titulado “Violencia puede ser planificada”, dejaba entrever la posibilidad de que la ola de violencia pueda deberse a la planificada acción de algún partido político en campaña, con el fin de ganar la elecciones, y advierte de la posibilidad de que el camino de las elecciones generales que se realizarán el 9 de septiembre esté llevando a convertirse en “el engendro de una dictadura”.
Al correlacionar el editorial en mención con el informe de las Naciones Unidas mencionado antes, puede notarse cómo, para explicar la ola de violencia, existe otro sinnúmero de causas que, con el tiempo, y quizás con el desarrollo del año político, se hacen más evidentes.
No podemos cerrar los ojos a las tremendas limitaciones con las que el Estado de Guatemala se enfrenta a las nuevas amenazas.
Cuatro años atrás, todos mirábamos a estas alturas al engendro del diablo que significó el gobierno de Alfonso Portillo y, aunque ingenuos a la larga, muchos llegaron a creer que con la llegada del nuevo gobierno, encabezado por Óscar Berger, el problema terminaría al acabarse la causa.
Hoy, cuando corremos en el período electoral, alguien podría pensar que, con acabarse el período y una vez elegido el nuevo gobierno, todo se compondría.
Vemos acá el cierre del círculo vicioso y no el cierre del círculo virtuoso. No atacar las causas reales de la violencia es como querer tapar el sol con un dedo cuando uno ya tiene la cara llagada.
Ver las cosas con tal simplicidad se convierte en un tremendo riesgo.
¡Hasta la próxima!
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