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HORIZONTES La traición se paga
¿Qué giro tomará la campaña hora?
Por:
Francisco Beltranena.
Los rumores los había escuchado desde la semana pasada: Francisco Arredondo sería la nueva víctima de la política electoral guatemalteca. Al principio, no le quise prestar mucha atención.
Con el correr de las horas, el tema se hizo evidente, para el sábado por la noche era algo que sucedería, y el domingo, fait et complet: al doctor Arredondo le apagaron el fosforito.
Analizar este acontecimiento de la vida política nacional tiene que hacerse a la luz del hilo conductor de la historia del Partido de Avanzada Nacional (PAN), partido que por tercer evento electoral consecutivo se enfrenta a un nuevo rompimiento.
Todo comenzó luego de la derrota electoral que sufriera el actual presidente de la República, Óscar Berger, en 1999. La asamblea general del partido desplazó al viejo liderazgo fundacional y fue el momento en el que Leonel López Rodas tomó el mando y la secretaría general del partido.
Álvaro Arzú respondió, como decía el eslogan panista, y fundó el Partido Unionista, que logró llevar diputados al Congreso de la República y alcaldes, incluyéndose a él mismo en el siguiente proceso electoral.
Mientras los unionistas resolvían su problema por la vía de un nuevo partido, el PAN volvió a convertirse en el blanco de la actividad política electoral hace ya más de cuatro años, cuando se logró resucitar a Óscar Berger y llevarlo a la sede partidista para tomar control de la agrupación y convertirse en candidato presidencial en las elecciones primarias, tema que sólo logró una nueva fractura que originó la creación de la alianza electoral, Gana, y el lanzamiento de López Rodas como candidato presidencial dispuesto a gobernar “el 14 a las 14”.
Derrotado López Rodas, el esfuerzo fue tratar de hacer su salvataje, tarea que emprendieron el actual presidente del Congreso y gentes como Mario Taracena Díaz-Sol. Ya en las proximidades del evento electoral, se fueron haciendo evidente las cicatrices que habían dejado las crisis anteriores y la diáspora de la poca dirigencia que quedó marcada con el paso de varios de ellos hacia la Unidad Nacional de la Esperanza, y otros, hacia Encuentro por Guatemala.
De las cenizas surgió el fosforito de la esperanza con la llegada del doctor Francisco Arredondo, quien en esta oportunidad, como en las otras, llegaba con una chequera gruesa que permitiría que la campaña eventualmente tomara vuelo y se lograra que se consiguieran las tan ansiadas diputaciones de algunos connotados dirigentes que sobrevivieron a todos los procesos de rompimiento.
Pero la ambición de Óscar Rodolfo Castañeda, el apoyo político interno y financiero, tiene que haber sido más suculento para la dirigencia que la que de manera generosa ya había aportado Arredondo.
¿Qué giro tomará la campaña hora? Es públicamente conocida la posición antagónica de Óscar Rodolfo Castañeda a la familia Gutiérrez Mayorga y Bosch Gutiérrez. Se sabe también que en la disputa privada que libran éstos con su tío, Juan Arturo Gutiérrez, Castañeda ha sido prácticamente su vocero.
Hasta ahora, los grupos económicos dominantes no habían tomado posición definitiva sobre la campaña electoral. Bien pudiera suceder que, a partir de la llegada del que fuera secretario departamental de Izabal del PAN anteriormente, decida vincular a la campaña el tema de la disputa familiar, como si ese fuera el tema central para Guatemala.
Desde mi perspectiva, y a tan sólo pocas horas de haberse dado los acontecimientos, la campaña electoral va a contar con un ringer, un candidato que, sabiendo que no puede ganar, se va a convertir en el desviador de atención y líder de los ataques contra alguno de los candidatos en primera posición. A primera impresión, su blanco no puede ser otro que Otto Pérez Molina y sus movimientos, alineados a favor de la candidatura de Álvaro Colom.
Las próximas horas marcarán más claramente la dirección y los efectos que esta movida política tendrán. Insisto, creo que, de manera injustificada, las baterías se orientarán contra Otto Pérez Molina, cuya candidatura ha comenzado a generar profundo temor en la campaña que ya daba por ganadas las elecciones.
En cuanto a lo que le hicieron al doctor Arredondo, sólo le queda el viejo dicho: la traición se paga. ¡Hasta la próxima!
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